Bomba de vacío de diafragma JOANLAB · VP-10L
- Caudal
- 10 L/min
- Vacío máx.
- 0,075 MPa
2 familias de bombas de vacío JOANLAB para laboratorio: bombas de diafragma y bombas de presión y vacío. Los modelos, la configuración y la disponibilidad se confirman en la cotización.
2 familias de producto
Una bomba de vacío no succiona: retira gas. La de diafragma lo hace con una membrana flexible dentro de una cámara con dos válvulas de retención. Al retroceder deja entrar el gas del montaje; al avanzar lo expulsa por la otra vía. Cada carrera saca una fracción de lo que queda: la presión baja rápido al principio y cada vez más lento después.
Todas las bombas de esta página son de diafragma sin aceite: no hay lubricante en contacto con el gas que pueda retroceder como neblina hacia el montaje, ni aceite que cambiar.
El techo está en otra parte. La membrana no barre todo el volumen de la cámara, y el gas del espacio muerto se vuelve a expandir en la carrera siguiente. Por eso este tipo de bomba cubre bien la filtración al vacío, los desecadores y la desgasificación de solventes, y no las aplicaciones que trabajan órdenes de magnitud más abajo, como el alto vacío.
Las fichas traen dos números que es fácil confundir. El caudal, en L/min, es a qué velocidad la bomba retira el gas: fija en cuánto rato el montaje llega a la presión de trabajo y cuánta fuga puede compensar. El vacío máximo, en MPa, es hasta dónde puede bajar; llegado ahí, esperar más no sirve.
En esta página los caudales van de 10 a 55 L/min y los vacíos máximos, de 0,075 a 0,088 MPa: el primer número cambia mucho más que el segundo. Subir de modelo compra velocidad mucho más que profundidad. Cuando un proceso no llega a la presión que necesita, la causa suele ser una fuga del montaje, un vapor que se sigue generando o el tipo de bomba. Las dos primeras las compensa en parte más caudal, pero se corrigen de raíz en el montaje, no en la bomba; la tercera no la corrige ningún caudal, porque el vacío máximo es el techo del principio de funcionamiento.
El mismo cabezal que aspira puede impulsar: al avanzar, la membrana comprime el gas. Hay modelos que declaran también presión positiva y otros que declaran sólo aspiración; la fila «Tipo» de cada ficha lo dice.
Medir el vacío y ajustarlo tampoco son lo mismo. Un manómetro indica en qué punto estás; una válvula reguladora deja elegirlo. Conviene revisar cuál declara el equipo que miras. El vacío máximo no siempre es el mejor punto de trabajo: en filtración, pasado cierto punto, el filtrado empieza a evaporar y se arrastran finos por el filtro.
Una bomba de diafragma mueve gas. El líquido que entra por descuido llega a la cámara y arruina la membrana; el vapor que condensa adentro hace lo mismo, más lento. Un frasco trampa entre el montaje y la bomba retiene gotas y condensado: el catálogo no declara ninguno.
La membrana es un elastómero y no todos resisten lo mismo. Las fichas declaran caucho, sin especificar cuál ni declarar compatibilidad química. Si lo que vas a evacuar arrastra vapores de solventes o de ácidos, confírmalo con el proveedor antes de comprar.
Qué vas a evacuar, a qué presión necesita llegar el proceso, en cuánto tiempo y cuántos puestos trabajarán en paralelo: eso fija el caudal.
Los diámetros de la tubuladura que ya tienes: no todas las fichas declaran el de la boquilla y el de la manguera, así que conviene medirlos.
El espacio de mesón, la tensión disponible —que se confirma en la cotización— y, si el equipo queda en una sala ocupada, el nivel de ruido, que tampoco todas declaran.
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